miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cuestiones y ejemplos del compromiso personal en la longitudinalidad y la continuidad









Para SIAP 2017 Madrid

“¿Para toda la vida?”, te preguntaron y le respondí “por ahora sí”, “si Dios quiere”, “si no me echan”, “si no pasa nada que lo impida”,…
La longitudinalidad y la continuidad es lo que los ciudadanos esperan de nosotros y lo percibo como un compromiso personal al entrar en sus vidas a través de nuestras consultas. Me encantó el artículo de José Ramón Loayssa cuando incluyó el compromiso personal en unas de las virtudes profesionales en el apartado de la responsabilidad del médico de familia.

Como Raúl Olalde llevo tiempo en el mismo centro de salud: 27 años. Venía de una reglamentación laboral que se modificó en julio de 1989 donde las interinidades de los médicos pasaban de ser nonamestrales a ser indefinidas. De ser obligatoriamente alongitudinal o dejar de serlo. En el año 2006 se consolidaron las plazas y sólo pensé en este lugar donde quería estar.
Al igual que Raúl Olalde rememoro fácilmente 4 generaciones; por lo general por sus mujeres: “Corina, Mariluz, Leticia y Andrea”, o “Ana, Ciana, Mónica y Diana”, o “Amalia, Luisa, Iballa y Noa”, desde bisabuela a bisnieta según por donde se mire.
Y reconozco que me encanta jugar a “¿Tú de quién eres?”, como “Er Sevilla” de “No me pises que llevo chanclas”.

Creo que la longitudinalidad es un sentimiento. Siento que tengo una atención longitudinal, no tras un cierto tiempo lógicamente, sino cuando me ven y me hacen sentir como su médico de su familia, como un elemento propio y referente de su entorno familiar y social, más allá de un recurso sanitario al que tienen derecho y con el que llevan tiempo en contacto. Es alcanzar y ganarse un estado de pertenencia al otro y al lugar.
Es un compromiso, una implicación con las personas, con sus familias, con su comunidad y con su entorno.
Es un objetivo, es la razón de que me dedique a ser médico de familia. Sentir que mi misión es la atención integral de las personas adscritas a mi cupo con la visión de alcanzar el máximo estado de salud, de calidad de vida y de bienestar de dichas personas. Y para eso preciso del compromiso de dar el tiempo y la continuidad necesaria en la atención, un compromiso atemporal, sin caducidad, ni obsolescencia programada.

Asimismo, la longitudinalidad te permite otras cosas.
Te permite organizarte a largo tiempo y disponer de otros aspectos importantes en tu vida profesional, pudiendo llegar planificarte para hacer un par de Máster (por ejemplo Salud Pública o Bioética), presidir un Comité de Ética, ser tutor de residentes, ser responsable autonómico de grupos de trabajo (como del PACAP), participar en diferentes actividades comunitarias y formativas,…, como parte de tu trabajo. En definitiva, la búsqueda de la excelencia, otras de nuestras virtudes profesionales.
Te permite organizar una agenda, con horarios para burocracia, para la demanda, para las visitas, para formación, para unidades antitabaquismo, para reuniones de coordinación,…
Te permite programarte para obtener mejores resultados en salud o para intentar mejorar el uso de los servicios sanitarios en aspectos de racionalidad.
La longitudinalidad también te aporta valores materiales. Alcanzas satisfactorias cuotas de prestigio, de gratificación, de poder y de reconocimiento que inevitablemente te pierdes si estás del tingo al tango.

Además, es positivo desde el punto de vista empresarial. Con la longitudinalidad y la continuidad te sientes parte de tu equipo, puedes comunicarte a todos los niveles, tomas decisiones, aprendes a analizar y solucionar problemas y conflictos, recibes atribuciones y decides delegaciones, modulas tus relaciones interpersonales, eres referente en algunas competencias entres tus compañeros, confían en ti para temas sanitarios y para temas personales, como con tus pacientes compartes con tus compañeros sus novicio en el equipo, como se casan, como tienen hijos,…, y otros acontecimientos vitales en sus vidas,…

Y todo desde un marco de que, por mucho tiempo que lleves, eres totalmente prescindible. La vida sigue a pesar de tus ausencias. Puedes y tienes derecho a desconectar. Aceptar esto es lo que te permite que vuelvas a ser un simple ciudadano cuando no entablas relaciones médico paciente o estás ejerciendo alguna actividad propia de tu competencia.
La continuidad te permite tiempo para tu vida privada y te deja desarrollar tus proyectos de vida personales
Eres el marido, el padre, el familiar, el vecino, el amigo,…, con un alto grado de satisfacción personal. Tienes una casa, un pueblo, un entorno y un ocio que también te resulta muy placentero. Maduras un desarrollo personal con altas dosis de autoconfianza, autovalía, autoquerencia o autoestima. Precisas que tu propio entorno personal, familiar y comunitario y tu automodelo biopsicosocial sean adecuados para afrontar el de tus pacientes. Es lo que Bimbela llamaría “cuidar al cuidador”.
Es simpático que te digan con frecuencia cuando vuelves de vacaciones “Se acabó lo bueno”. Sólo hay una respuesta: “no, porque lo bueno lo tengo en casa”.

Con la continuidad empiezas a ver importantes algunos aspectos relacionales o comunicacionales. Hay mucho que aprender en este sentido.
Comencé con aspectos básicos de mindfulness con Benjamín Pérez hace más de una década o de la terapia breve como parte de la atención familiar. Luego llegó el hacer un Practitioner y el subsiguiente Máster en Programación Neurolingüística (PNL) para acabar con un Coach en PNL tras dos años y medio de formación acreditada. Lo último en este campo de comunicación en positivo son las terapias de aceptación y compromiso promovidas por Azucena Aja.
Principalmente te ayuda a amueblar tu cabeza y a controlar tus diálogos internos, a admitir tu vulnerabilidad y a aceptar la incertidumbre al tomar decisiones de forma constante en el mismo entorno donde los aciertos y los desaciertos se acaban notando. Te permiten percibir, sea cuales sean los resultados de tu atención, que sólo son resultados; unos favorables y otros a mejorar pues tienes tiempo. Te permiten un adecuado engagement, un estar aquí y ahora, una ética tácita del momento, un saber qué hacer en cada instante.
Como dice Casals, lo importante no es que las cosas salgan como tú quieres, lo importante es que las cosas salgan y sabes que, independientemente del resultado obtenido, has hecho lo mejor que percibías en cada ocasión.

Todo este continuo de experiencias y estas herramientas te llevan a adquirir el gusto de cumplir con tus obligaciones y tus compromisos como médico de familia.
Remedando a Juan Gérvas, sólo el compromiso personal te ayuda a vivir profesionalmente en plenitud.



La historia de Inma

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